sábado, 1 de febrero de 2014

Encontre una silla y fui muy feliz


No tenia idea que una silla me podia hacer tan feliz.

Quizá no es la mejor historia, pero para mí si lo es, porque es la mía.

No sabía que iba a llegar, solo baje y había muchos lugares vacíos. Y simplemente me senté en el lugar donde había una silla disponible. Como si hablara y me dijera, “aquí siéntate”.

Había silencio y yo tenía mucho trabajo, pues no entendía mucho.

Y es que tú apareciste, así, y sin saber te metiste en mí.

Con el jango, las quecas, el secuestro de mi vaso de café, el confeti vino después, y te invite a un corona fest. Y esa noche empezó lo que no creí que pudiera pasar.

Surgió así solo, fue magia. Fue una cachetada con guante blanco del jefe del Cielo a lo que creía que no existía.

Fueron los mejores días hasta el día de hoy. Llenaste mi espacio en blanco y la complicidad era nuestra mejor arma. Y mis días se pintaron de alegría y colores.

Hasta que me entere que venias acompañado.

Te fuiste y no estuviste… Y decidí respetar su relación, darte espacio… y me fui.

Y llego la sensación de frio, soledad y tristeza.

Pasan los meses y decidiste quedarte allá.

No importa que el sol se muera… yo siempre estaré pensando en ti.

Y es cuando viene la fantasía y mi imaginación es grande…

Llegas de nuevo, a quedarte y cuidarme por siempre.

Y estamos en la arena, con el ocaso del sol en nuestra cara, yo con mi vestido rocker y tú con tu camiseta blanca estampada de frak. Nos decimos lo pleno que nos sentimos por el hecho de estar juntos. Porque no hay mucho que decir cuando se refleja en los ojos. Nuestra sonrisa es la mejor evidencia.