No tenia idea que una silla me podia hacer tan feliz.
Quizá no es
la mejor historia, pero para mí si lo es, porque es la mía.
No sabía
que iba a llegar, solo baje y había muchos lugares vacíos. Y simplemente me
senté en el lugar donde había una silla disponible. Como si hablara y me
dijera, “aquí siéntate”.
Había
silencio y yo tenía mucho trabajo, pues no entendía mucho.
Y es que tú
apareciste, así, y sin saber te metiste en mí.
Con el
jango, las quecas, el secuestro de mi vaso de café, el confeti vino después, y
te invite a un corona fest. Y esa noche empezó lo que no creí que pudiera
pasar.
Surgió así
solo, fue magia. Fue una cachetada con guante blanco del jefe del Cielo a lo
que creía que no existía.
Fueron los
mejores días hasta el día de hoy. Llenaste mi espacio en blanco y la
complicidad era nuestra mejor arma. Y mis días se pintaron de alegría y
colores.
Hasta que
me entere que venias acompañado.
Te fuiste y
no estuviste… Y decidí respetar su relación, darte espacio… y me fui.
Y llego la
sensación de frio, soledad y tristeza.
Pasan los
meses y decidiste quedarte allá.
No importa
que el sol se muera… yo siempre estaré pensando en ti.
Y es cuando
viene la fantasía y mi imaginación es grande…
Llegas de
nuevo, a quedarte y cuidarme por siempre.
Y estamos
en la arena, con el ocaso del sol en nuestra cara, yo con mi vestido rocker y
tú con tu camiseta blanca estampada de frak. Nos decimos lo pleno que nos
sentimos por el hecho de estar juntos. Porque no hay mucho que decir cuando se
refleja en los ojos. Nuestra sonrisa es la mejor evidencia.